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EL PAÍS

REPORTAJE: La lucha feroz por Atapuerca

El hombre competía con leones, osos y panteras hace medio millón de años en la sierra burgalesa - Unos 20 fósiles arrojan nuevas pistas sobre la vida prehistórica

Jueves 24 de julio de 2008, por aulalibre


ALICIA RIVERA - Burgos - 24/07/2008

Atapuerca está cambiando la visión de la prehistoria y del lugar que ocupaba el hombre en ella, según los científicos responsables de la excavación. El hallazgo de fósiles de homínidos mezclados con restos de feroces leones, osos, perros y panteras revela que los primeros eran seres robustos y que estaban organizados como para competir con ellos por el dominio del territorio y por la supervivencia.

Los científicos suman ahora nuevos restos sobre los que cimentar la reconstrucción de la historia. Acaban de sorprenderse con cuatro fragmentos de cráneo de los homínidos que vivieron en la Sierra de Atapuerca (Burgos) hace 500.000 años. "Son huesos delgados, seguramente de niña o de niño", dice Juan Luis Arsuaga, co-director de la excavación. Y han aparecido juntos en el yacimiento de la Sima de los Huesos. Todo apunta a que estos restos, que ayer aún estaban incrustados en el sedimento, son del mismo individuo. No son el único botín de la campaña de 2008. En total, se han descubierto una veintena de fósiles humanos, algo excepcional que en cualquier otro yacimiento del mundo tendría una repercusión histórica.

En otro de los yacimientos del entorno, en El Elefante, donde el año pasado se encontraron un trozo de mandíbula y un diente de hace 1,2 millones de años, es decir, de los europeos más antiguos conocidos, la sorpresa de 2008 ha sido un hueso de mano, una falange, de esa misma antigüedad. La pieza no se ha presentado aún oficialmente y en la excavación se intenta mantener el secreto hasta dentro de unos días. Lo que está claro es que el pequeño fósil indica que puede haber muchos más. Quizá un esqueleto entero.

"Estamos excavando ahora en una zona de la Sima donde hay menos fósiles humanos, pero hay que hacer esta labor ordenadamente, nivelando todo el fondo de la cueva para ir documentando paso por paso", explica Ignacio Martínez, uno de los paleontólogos, especialista en la Sima de los Huesos. En su camiseta negra se despliega una bandera pirata. Se puede leer: "Por los huesos, claro". Es el emblema del equipo.

La Sima de los Huesos exhibe una riqueza apabullante de fósiles humanos. Varios miles de ellos, de al menos 28 individuos, se han descubierto en menos de dos décadas. "Tenemos 15 cráneos distintos, tres muy completos y el resto fragmentado. El de la niña o el niño que aflora este año debe hacer el número 16". Arsuaga está pendiente de El Jefe, apodo de otro de los cráneos: "Debía ser un machote cachas, con una vida muy movida, porque tiene marcas de muchas heridas. Estos individuos eran muy fuertes, tanto hombres como mujeres, capaces de imponer respeto a los descomunales leones".

En la Sima, efectivamente, han aparecido restos de dos leones también de hace medio millón de años. Son piezas de dentición, un trozo de cráneo, huesos de las zarpas y grandes garras, que investiga ahora Nuria García: "Eran muy corpulentos, de unos 300 kilos, mayores que los actuales".

Atapuerca ha sorprendido a la comunidad científica internacional no sólo por la riqueza de fósiles humanos, sino por todos los vestigios del pasado que se van descubriendo y que permiten empezar a reconstruir cómo eran y cómo vivían. José María Bermúdez de Castro, otro co-director de Atapuerca, mostraba ayer el yacimiento llamado Galería, donde se han encontrado vestigios de un periodo comprendido entre 300.000 y 120.000 años. "No vivían en esta cueva pero la utilizaban: era una trampa natural para los animales y los humanos entraban, comían los tejidos blandos y cortaban las patas de los animales muertos", explicó. "Se llevaban los jamones para comérselos en otro lado, pero es curioso que en los huesos restantes hemos encontrado marcas de bocados de cánidos. Cabe pensar que los perros estaban ya cerca de los humanos, hace muchos miles de años, y luego acabaron domesticados". Aquí ha aparecido este año un hacha de mano de sílex.

Tres de los grandes yacimientos de Atapuerca son cuevas cortadas por una trinchera que se hizo hace un siglo para tender un ferrocarril. Gracias al corte vertical de las oquedades del terreno afloran ahora varios metros de tierra cuajada de restos de plantas y animales, incluidos homínidos y sus herramientas prehistóricas. Uno de los cortes más famosos es El Elefante. Allí aparecieron el año pasado los dos primeros fragmentos de homínido de hace 1,2 millones de años, los más antiguos por ahora de Europa Occidental, y este año el hueso de la mano.

"El nivel más moderno, el superior, es de hace unos 150.000 años, pero el del fondo corresponde a 1,5 millones de años; aunque no hemos encontrado fósiles humanos de esa antigüedad", explica Bermúdez de Castro. "Esto es ya una factoría científica que está trabajando con un protocolo del siglo XXI", afirma Eudald Carbonell, el tercer co-director de Atapuerca. En la campaña de este año, de mes y medio de duración y a punto de concluir, han trabajado por turnos 253 personas, incluidos varios jóvenes de EE UU, Holanda, Alemania y Francia.

La mayor concentración (medio centenar) de paleontólogos y arqueólogos, incluidos restauradores, trabaja en otra de las cuevas expuestas por la trinchera: la Gran Dolina. Allí se encontraron, en 1994, los primeros fósiles de Homo antecessor, una especie humana nueva, de hace más de 850.000 años. Con el tiempo han salido más de un centenar de restos humanos, de al menos seis individuos diferentes. Los fósiles van al laboratorio, se limpian y se examinan a fondo. Así, por ejemplo, se descubrió que algunos de los fósiles humanos de la Gran Dolina tenían marcas de corte como las de otros huesos animales descarnados por los homínidos para devorarlos. Cuando este hallazgo se publicó, a finales de los noventa, supuso un bombazo. "Sabemos que era canibalismo gastronómico", recordaba ayer Bermúdez de Castro. "Pero también creo que era una forma de canibalismo demográfico". Los huesos humanos con esas marcas son de niños, explica, y posiblemente había una intención de debilitar a las poblaciones de los grupos competidores en un territorio muy rico.


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