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Diario de Jerez (10-3-09)

Libros para jugar

José García Oliva. Experto en literatura infantil y juvenil.

Martes 10 de marzo de 2009, por aulalibre


En Argentina existen muchas jugueterías: en todas venden libros infantiles. Aquí, la idea de que un libro puede ser un juguete se encuentra con muchas reticencias. Al libro se le rodeó de un aura de importancia, trascendencia, inteligencia, cultismo,… que ni para niños se atrevían a "relajar": ponían lo didáctico por delante de lo lúdico. Sin embargo, niños y niñas cogieron los libros y los convirtieron en casas para que vivieran los muñecos, o los usaron como paredes de un imaginario castillo, o recortaron sus dibujos para jugar con los personajes.

Y es que en la lectura se ha de dar el mismo requisito que en el juguete: la posibilidad de vivir una experiencia (ficticia), desde una posición de seguridad, y si hay alguna inquietud o sensación de peligro se deja de jugar, se cierra el libro. Por eso, unir libro y juego, incluso libro y juguete, pueden ser un aliciente interesante. En esta línea están los pop-up de los que hablamos hace poco: descubrir qué hay tras una solapa, hacer girar una rueda o tirar de una lengüeta, así como pasar una página y ver cómo aparece una figura creciendo en 3D o escuchar una música, tienen mucho de juego.

En esta línea se puede disfrutar con "Mis alucinantes excavadoras" o "Mis alucinantes dinosaurios", editados por Bruño, que tienen de todo un poco. Con el libro "El laberinto de los dinosaurios", editado por El Rincón del Libro, podemos hacer: las páginas de laberintos están cubiertas por un acetato en el que trazar la salida de cada laberinto con un rotulador "no permanente" para poder borrarlo y jugar otro día otra vez. Mientras pequeños textos hablan de los dinosaurios que aparecen dibujados.

Pero los más sofisticados, los que se saltan el formato libro y pasan al de juguete son como estas cajas que pone Bruño en el mercado: "El castillo del dragón" (de Ben Cort) y el que aparece en la ilustración "El palacio del unicornio" (de Sanja Rescek). En ambos, las páginas del libro aparecen en la tapa interior de la caja contando una historia para hacerla vivir con las piezas que terminan formando el castillo y los personajes. Las ilustraciones son simplonas y sencillas pero del gusto infantil y el cuento da posibilidades para que una vez leído y jugado, se puedan inventar otras historias.

Leer, jugar, inventar… son una oferta interesante aunque el producto no sea para tirar cohetes.


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